PROYECTO EDUCATIVO Guía de contenidos


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1 PROYECTO EDUCATIVO Guía de contenidos sala 8 Girona dentro de la Cataluña moderna

2 42 sala 8 Girona dentro de la Cataluña moderna Revolución Inglesa Decreto de Nueva Planta 1716 Estalla la Guerra Grande entre España y Francia Guerra de los Treinta Años Guerra de Sucesión Revolución Francesa 1453 Fin del imperio romano de Oriente 1618 Guerra de los Segadores Tratado de los Pirineos Tratados de Utrecht Estados Unidos de América se independiza de Inglaterra COnCEPTOs básicos: El fin del imperio romano de oriente se considera el inicio de la Edad Moderna. Las ciudades de esta época tendieron hacia un aumento demográfico y hacia la especialización en el sector servicios, bajo el impulso de la burguesía, como el nuevo actor social del momento. Comienzan los procesos de lo que será la modernidad: el capitalismo, el humanismo, las naciones-estado, la Ilustración, la fe en el progreso y la razón y la aparición de una economía comercial y mercantil sentaron las bases de nuestra sociedad actual. La edad moderna se da por terminada con las revoluciones contemporáneas: la americana de 1766 y la francesa en Descenso de la demografía, la producción y el comercio de la ciudad de Girona por asedios y las diferentes guerras que se producen en este período. Hay un crecimiento de la importancia de los oficios mercantiles, vinculados a la comercialización de productos semielaborados.

3 43 ElEmEnTOs museográficos REfEREnCIAlEs: 1. ángel de la Catedral decapitado. Una teoria dice que un relámpago fue el culpable; otra dice que fue una de las bombas que sobrevolaron el cielo de la ciudad durante la guerra del francés. 2. Retrato de Carlos III. manuel Tramulles Óleo sobre tela. mhcg busto de sant narcís. s. XVIII. Talla en madera policromada. 4. Celemín de fruta. madera y metal. mhcg La ciudad a inicios de la época moderna, hacia el siglo XVI, sufrió cambios. Hubo un proceso de renovación de élites. El campo vivió el fenómeno de la protoindustrialización y la ciudad se fue desindustrializando. A las ciudades les costó crecer porque dependían, en buena medida, de los productos manufacturados para hacerlo. Pero la población debía destinar sus ingresos a la obtención de subsistencias y una manera de obtener ingresos era, principalmente, con el trabajo en el campo. Por lo tanto, había una demanda baja de productos manufacturados. Además, se vivió una caída importante del trabajo corporativo, los gremios. No había unanimidad en establecer medidas proteccionistas, ya que los gremios eran corporaciones donde era muy difícil la introducción de innovaciones y poco a poco la competencia fue cada vez más dura. En esta época comienza la bajada de los gremios que va en aumento hasta hacerlos desaparecer. La industrialización en el campo hizo que las familias incrementaran su poder adquisitivo. Se rompió con la lógica del autoconsumo. Se trabajaba mucho más y se consumía mucho más. Así, había más ingresos porque se trabajaba más que nunca. De esta manera fue apareciendo la terciarización de la ciudad. El consumismo. La adquisición de productos que antes no eran imprescindibles y luego pasaron a serlo. Las actividades con más éxito eran las de "la trilogía de la vida", las relacionadas con la comida, el vestir y el vivir. Así el hinterland rural rompió con el auto-

4 44 consumo, el stock doméstico y los bienes familiares fueron aumentando hasta el punto de establecer una revolución de consumo. Hubo también un proceso de renovación de las élites paralelamente a este crecimiento adquisitivo. Si en la sociedad medieval el más común era ser home d altri, con relaciones de dependencia jerarquizadas, con una red de vínculos de dependencias personales, en la sociedad moderna los vínculos se mercantilizan, hasta el punto de que los lazos vasalláticos podían convertirse en relaciones entre patrones y clientes. Un feudalismo después del feudalismo. El feudalismo de época moderna. Un cuestionamiento de la lógica estamental. Se fue dejando de lado el pasado manufacturero y se fue acentuando la faceta mercantil. Esta burguesía mercantil surgió de la tierra, cuando la producción de subsistencias llegó a un nivel que permitió lograr algo más que subsistencias. Se invirtió en riqueza patrimonial para garantizar la riqueza y estos nuevos ricos se cuestionaron el mismo concepto de nobleza. Noble era también sinónimo de culto, los principios de distinción eran en términos humanísticos. Girona sufrió un declive como capital pañera. La razón fue la llegada, a finales del siglo XVI, de nuevas paños y otras manufacturas de procedencia atlántica, sobre todo de Inglaterra y de Holanda. Muchos mercaderes decidieron invertir sus bienes en bienes inmuebles para garantizar la riqueza, en masías y en granjas de los alrededores de la ciudad. Así, en la Girona de la segunda mitad del siglo XVII predominaban los oficios de carácter más mercantil: taberneros, zapateros, sastres, hosteleros, panaderos... La desindustrialización urbana no se compensó con una industria rural. En el mas catalán no había posibilidad de inactividad. Los espacios vacíos de trabajo de algún cereal se cumplimentaban con otras actividades agrícolas y no fue posible dedicar espacios vacíos a tareas manufactureras. A esta terciarización de la ciudad hay que sumar una aristocratización progresiva de la ciudad en los siglos XVI y XVII. Los nobles se instalaron en la ciudad y pronto reclamaron su presencia e influencia en el gobierno municipal. Se pasó de una aristocracia guerrera a una aristocracia urbana. En estos primeros momentos, las rivalidades y bandosidades se trasladaron del campo a la ciudad. En Girona, las familias rivales eran los Agullana y los Sarriera. Pero la nobleza gerundense de principios del siglo XVII era muy diferente de la nobleza anterior. Más que nobles guerreros, había juristas, literatos y devotos. Girona tuvo una fuerte influencia eclesiástica, como podemos comprobar en esta sala dedicada a la época moderna, a través de las diferentes esculturas religiosas que encontramos. Hay que tener en cuenta que era una ciudad episcopal y la catedral y el palacio episcopal dominaban la ciudad, pero también era una ciudad de conventos. Había diez comunidades religiosas de hombres y cuatro de mujeres. A raíz del Concilio de Trento, de mediados del siglo XVI, aumentó el número de comunidades religiosas. En Girona aparecieron diferentes nuevas órdenes religiosas: jesuitas, capuchinos, agustinos y carmelitas descalzos con respecto a los masculinos y femeninos, hubo la nueva fundación del convento de capuchinas en la subida de Rei Martí,

5 45 donde aún están. A estas se añadieron otras comunidades religiosas femeninas como las de las monjas benedictinas, las de Santa Clara, etc. Girona también era una ciudad con varias librerías, imprentas y editores, como Gaspar Garrich o Jeroni Palol. El MHCG dispone de una sala temática dedicada a la imprenta, donde se pueden observar algunos ejemplos, entre las diferentes máquinas dedicadas a la impresión de época moderna y contemporánea, de las obras más destacadas de este periodo, como el Synodales gerundenses, donde hay un grabado que representa el famoso episodio de las moscas y San Narciso ante la ocupación francesa de finales del siglo XIII. El aspecto de la ciudad cambió alrededor de los diferentes establecimientos de las nuevas órdenes religiosas de la Contrarreforma y en los siglos XVI y XVII el barroco se hizo presente en la ciudad, en los principales monumentos góticos, que fueron terminados con este estilo (fachadas, escalinatas, portales y retablos). Así, de la Girona barroca habría que destacar la iglesia de Sant Martí Sacosta y el Palacio Agullana, pero sobre todo la fachada y la escalinata de la catedral. En la mitad del siglo XVI se produjo un distanciamiento entre Cataluña y Felipe IV. El motivo fue la Unión de Armas, del conde duque de Olivares. Esta voluntad de crear un ejército común provocó la negativa de los catalanes a participar, con una total indiferencia hacia los asuntos de la monarquía española. Primero hubo una revuelta popular, la Guerra de los Segadores ( ), provocada por una crisis económica en el campo y los abusos del ejército alojado en el país y en segundo lugar, la guerra de separación de Cataluña. Así, a la terciarización y aristocratización les siguió la militarización de la ciudad. Girona se convirtió en el escenario de guerra entre Austrias y Borbones. El siglo XVIII La Guerra de Sucesión ( ) fue un conflicto internacional, que estalló tras la muerte sin descendencia de Carlos II. El sucesor debía ser Felipe de Anjou, nieto del rey de Francia, Luis XVI. Este hecho, provocó la oposición del imperio austríaco, de Inglaterra y de Holanda, que se enfrentaron a los ejércitos españoles y franceses. Cataluña tomó partido por la opción del archiduque Carlos de Austria frente a Felipe V. Con la victoria borbónica Girona perdió la universidad, el municipio tradicional y sufrió una represión humana y cultural. Las secuelas de la guerra se notaron en la estructura urbana, con un alto porcentaje de viviendas destruidas o abandonadas. En la Cataluña del Setecientos se vivió un proceso de industrialización, que no llegó a Girona. Aunque la ausencia de fábricas y de dinamismo económico no fue sinónimo de empobrecimien-

6 46 to o dificultades. La ciudad de Girona era una ciudad de eclesiásticos y rentistas de la tierra. Sin ganas de poner en marcha un arranque industrial. Las viviendas en el interior de las murallas crecieron verticalmente, y las edificaciones en los arrabales y caminos de la ciudad se multiplicaron, por ejemplo en Pedret, Pont Major y calle de la Rutlla. La ciudad, aunque no vivió un proceso industrializador como el de Barcelona, sí presentaba un crecimiento demográfico importante, moderno. Así, se pasó de habitantes (1719) a (1787). Este aspecto favoreció el reforzamiento de la terciarización de la ciudad. Además, Girona era capital civil y eclesiástica, como jefe de corregimiento, a partir del decreto de Nueva Planta (1716). El hecho de ser sede episcopal, importante centro conventual, a partir de la Contrarreforma y centro administrativo daba un gran poder adquisitivo y de consumo a la población y a aquellos sectores vinculados con la artesanía, la construcción, la alimentación, la imprenta, etc. A lo largo del siglo XVIII, Girona se consolidó como centro productor de manufacturas preindustriales, centro administrativo, residencial y de consumo, y como una ciudad de eclesiásticos, de la pequeña nobleza y del campesinado acomodado. Girona vivió una renovación arquitectónica en los años posteriores a la Guerra de Sucesión. Las autoridades militares promovieron una serie de infraestructuras civiles y militares en la ciudad. La arquitectura religiosa también fue abundante en este siglo, a partir de reformas en los conventos o nuevas construcciones, como la de la capilla de San Narciso a la iglesia de Sant Feliu, promovida por el personaje más distinguido del siglo XVIII, el obispo Tomás de Lorenzana. El estilo que se siguió en la construcción fue el neoclásico. Este estilo es posible que se introdujera en la ciudad, de mano de los obispos. En cuanto a construcciones civiles, habría que destacar la ampliación y remodelación del Hospital de Santa Caterina, el edificio del Hospicio y la Casa de Convalecencia. Así como numerosas remodelaciones de obras particulares, como el Palacio de Caramany o la Casa Carles. Pero en este siglo, no hubo una gran reestructuración urbana, si acaso, una tímida urbanización. Algunos sectores de la pequeña nobleza gerundense todavía despreciaban, a las puertas del siglo XIX, el mundo del trabajo y la menestralía. Por aquella diferencia anacrónica entre trabajos "viles y mecánicos" y "liberales y nobles". Sin embargo, la Girona del XVIII contaba con 19 gremios, por lo tanto, el descenso de los gremios se empezaba a constatar, pero su fin no había llegado. En el gobierno de la ciudad, la mayoría de concejales eran nobles, caballeros y ciudadanos honrados. La corrupción era la norma en las instituciones borbónicas. A efecto de frenar esta alteración aparecieron varias reformas municipales a lo largo del Setecientos, que entre otras cosas, provocó la creación del cargo de Procurador Síndico General, que debía velar por la transparencia de la administración municipal.